lunes, 23 de junio de 2008

LA LEYENDA ETERNA DE MIDLAND

ALFREDO DI STEFANO, EMBLEMA DE NUESTRO FÚTBOL, EN 1952, ANTES DE SU PASO MEMORABLE POR REAL MADRID, ATERRIZÓ EN EL “FUNEBRERO” PARA JUGAR TRES PARTIDOS ¿NO LO CREEN? AQUÍ ESTÁ LA HISTORIA.

Cinco mil pares de pupilas brillosas observaban a ese hombre que se encontraba erguido en el círculo central. Para los sanguíneos, el partido no comenzaba más. Para los calculadores, el momento ya estaba por llegar…De pronto, el agudo sonido del silbato sorprendió a todos. Ése, era el comienzo de la leyenda.
La imagen corresponde al segundo encuentro. Las miradas, pertenecían a los seguidores del Club Atlético Ferrocarril Midland, y el barrio era Libertad. Finalizaba 1952 y ese hombre que atrapaba toda la atención, era nada menos que el gran Alfredo Di Stefano. Sí. Quien, tan sólo en unos meses, se convertiría en un gigante del fútbol mundial, calzaba la inconfundible casaca blanca y azul marino del “Funebrero de Libertad”.
“Jugó tres partidos en nuestro club: debutó como visitante contra Defensores, de Moreno (3-1), después jugó contra El Fortín, de Merlo (1-3 ó 1-1), y fue la figura contra Ferro, de Merlo (8-1)”, narró el socio vitalicio, Luis María La Font, de 80 años, quien fue uno de los pocos que presenció los tres enfrentamientos, ya que el primero se jugó sin público. Mientras tanto, en voz alta, los setentones afirman que la conmoción que generó la estampa de “La Saeta Rubia” fue la que, verdaderamente, obligó a disputar su primer partido a puertas cerradas.
¿Di Stefano era hincha de Midland? No, para nada ¿Conocía a los dirigentes, de la institución? No, imposible ¿Entonces, cómo llegó al club? El contacto para traerlo lo hizo Fausto De Santis -allegado a la dirigencia que presidía Salvino del Valle-. Él vivía en Parque Patricios y tenía un chalet lindero a la “Benevolenza”. (Villa Melia). “Fausto fue presidente de Huracán y como era muy amigo de Alfredo, se encargó de convencerlo para que viniera”, explicó la voz áspera de La Font, y agregó: “Los hijos de De Santis eran tres, y todos pasaron por Midland: el número cuatro era Rodolfo, que jugó en la primera de Atlanta. El 10 estuvo en Racing…Sin embargo, los otros cuadros también traían futbolistas importantes. No sólo nosotros éramos los beneficiados”.
En 1948, la famosa huelga de futbolistas culminó de la peor manera: un masivo éxodo de figuras, de las que emergían los nombres de Adolfo Pedernera, Rinaldo Martino, René Pontoni, Néstor Rossi y Alfredo Di Stefano; hasta ese momento, había vestido las camisetas de River, Huracán y la de la Selección argentina -ganó el Título Sudamericano en Guayaquil, en 1947-. Después habitó durante cuatro años el territorio colombiano, lugar en el que obtuvo el tricampeonato con la casaca de Millonarios de Medellín (259 goles). Pese a esto, todavía le esperaban alzar 19 copas en Real Madrid (ver aparte).
Cuando volvió a Buenos Aires, en 1952, luego de su exitoso paso por el país cafetero no tenía club dónde jugar. El escenario era poco alentador: hasta fin de año no podía firmar en ningún lado. Fue entonces que decidió representar, al menos por tres veces, al “Funebrero”. Esto fue posible porque el Midland no estaba afilado a la AFA, sino que jugaba un campeonato organizado por la Asociación Amateur de Fútbol del Oeste. Torneo en el que también participaban: El Rayo, Defensores de Moreno, Alem de General Rodríguez, El Fortín, Ferro de Merlo, y El Nacional, entre otros.
Por su parte, Aníbal “Pipo” José, nacido en Libertad hace 72 años y jugador de Midland en el 50’, contó orgulloso cómo fue compartir ese equipo con el crack: “Con Alfredo jugué 45 minutos. Pasó que faltaba disputar un tiempo de un partido suspendido contra Defensores, de Moreno. Por suerte, faltó Garcia, el wing titular del equipo, y entonces me tocó ocupar su posición. El encuentro lo ganamos 3 a 1, recuerdo que se jugó un domingo a la mañana en la cancha de Nacional (actualmente Independiente de Merlo)”. Luego, con el pecho inflado, relató: “En el vestuario me cambié junto a él, y también charlamos un rato en el playón. Era macanudo, pero muy parco, callado. No hablaba casi con nadie, será por su timidez, seguro. Eso sí: me pareció un tipo plenamente educado.”
Con relación al segundo encuentro, esta vez frente a El Fortín, hay dos versiones: una es la del vicepresidente 2° del club, Fernando Cetinio y La Font, un socio vitalicio. Ambos vieron el partido y sostienen que el resultado fue un magro empate. La otra, antagónica, la sostiene Aníbal “Pipo” José, quien fue parte del plantel; y asevera que ése fue el único choque en el cual perdieron (3 a 1). Si bien hay diferencias, en lo que sí coinciden es que Di Stefano jugó un rato nomás.
Cetinio, de 73 años, quien sólo estuvo ese día en la cancha, hizo referencia a la expectativa desbordante que había causado la llegada del goleador. “Realmente, fue impresionante. Tuvieron que cercar la cancha con lonas y bolsas. También, como se le había hecho mucha promoción, el barrio estaba totalmente convulsionado. Y eso lo sé perfectamente porque vivía a sólo una cuadra del estadio”, afirmó con certeza. Asimismo, La Font describió que la cancha del Fortín era totalmente abierta y cercada simplemente con sogas. Orgulloso, añadió, como dato estadístico, que los periódicos de la época calcularon que estuvieron en la presentación alrededor de cinco mil personas.
Con respecto a esa actuación del “jugador más completo de la historia”, Cetinio deslizo una leve crítica: “Caminaba la cancha, jugaba como para no lastimarse.” “Se lucía, la pisaba, tiraba tacos… Mientras el resto de sus compañeros se ‘mataban’ por ganar la plata. Al instante, después del partido, recuerdo bien la queja de Fausto De Santis: ‘Acá viniste para ganar; no para lucirte”, reveló La Font.
26 años tenía cuando jugó para Midland, que hoy se encuentra en la D. No obstante, este impensado desempeño tenía una explicación razonable: “Después de perder contra El Fortín, todos los dirigentes y jugadores volvíamos en la camioneta verde de De Santis. En un momento determinado, le dijeron que lo que se jugó era por los puntos y que había intereses económicos en disputa, Di Stefano, completamente sorprendido, se lamentó: ‘Uf, pero yo no sabía’, e inmediatamente exclamó indignado: ‘¡Cómo nadie me dijo nada!’”, relató “Pipo”, único testigo y conocedor de esta simpática anécdota.
El tercer match, los enfrentaba a Ferro, de Merlo, club que actualmente se destaca en el handball. Afuera, en la calle, una imponente aglomeración local observaba expectante. En tanto, algunas voces profetizaban que ése era el día... Adentro, en el escaso verde césped, Di Stefano, sabía que debía rendir al máximo. El deleite fue total: 8 a 1.Goleada abrumadora, con la mitad de los tantos del crack, quien esta vez sí jugó de titular. En este último enfrentamiento, la “Saeta Rubia” convirtió tres golazos de tiro libre. “¡Si lo vieran clavó tres zapatazos al ángulo!”, cuenta efusivamente “Pipo”.
Ahuyentando fantasmas a algún escéptico, el testimonio de Cetinio es rotundo: “Alfredo jugó acá, es veraz; hay fotos. Es más, una vez me gané un asado porque le aposté a un tipo que no me creía. Lo tuve que traer al club y les preguntamos a todos. ¡Finalmente tuvo que pagar!”
En tanto, Carlos Fabrizio, dueño de una inmobiliaria de la zona, deslizó que “cuando nosotros contamos que Alfredo estuvo acá, pocos lo creyeron, pero esto ha sido real. Aunque a algunos le genere un poco de envidia; nuestros socios e hinchas más grandes se dieron el lujo de gritar sus goles”.
Para los de la “Tumba 12” éste es el verídico fin de una historia fugaz, pero a su vez el inicio de una leyenda eterna...

1 comentario:

Anónimo dijo...

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